Espacio al margen de la corrección política donde se discute sobre sociología y, por supuesto, sobre la sociedad venezolana.
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jueves, 12 de marzo de 2020
La vida, 5 años después
lunes, 18 de febrero de 2019
Justicia, memoria y perdón
Estuve la semana pasada en Bogotá por un viaje de trabajo y tuve la oportunidad de visitar Fragmentos. Espacio de Arte y Memoria. Me llamaba la atención poderosamente conocer la experiencia, por el aprendizaje que podría significar para nosotros los venezolanos, que solemos hacer poco esfuerzo por apropiarnos de nuestra propia historia.
sábado, 26 de diciembre de 2015
Somos mayoría
Somos mayoría los que tenemos que inventar mil formar de
aumentar los ingresos y disminuir los gastos para sobrevivir a una inflación
que padecemos, aunque desconozcamos su magnitud oficial.
Somos mayoría quienes hacemos cola y ruleteamos por una
larga lista de supermercados cuando toca nuestro número de cédula.
Somos mayoría los que sufrimos por la escasez de medicinas o
pañales.
Somos mayoría las víctimas de la inseguridad en sus diversas
manifestaciones.
Somos mayoría los perseguidos por un gobierno para el que
represión es sinónimo de gobernar. Represión a algunos por su opinión política,
a otros por vivir en zonas del país donde el pueblo debe ser “liberado”, luego
de haber sido estos mismos sectores abandonados por el estado y entregados al
hampa.
Somos mayoría quienes queremos vivir honestamente de nuestro
trabajo y poder darle una vida digna a nuestros hijos.
Somos mayoría los que inventamos mil formas de sobrevivir
con éxito ante unas cartas al Niño Jesús que superaban nuestro presupuesto y tratamos
de lograr que, pese a ello, la ilusión de la navidad siguiera presente.
Somos mayoría los que no estrenaremos nada para recibir el
2016.
Somos mayoría quienes fuimos a votar el 6 de diciembre buscando
que nuestra voz sea por fin oída y nuestros problemas atendidos por nuestras
instituciones políticas.
Y, sea cual sea la opción política que hayamos escogido,
somos mayoría quienes queremos que las diferencias políticas que existen entre
nosotros sean resueltas de forma pacífica, buscando acuerdos entre los actores
políticos, sociales y económicos que nos permitan construir un futuro de
prosperidad.
Solo una minoría busca desconocer el mandato popular del 6D.
Solo una minoría se beneficiará de una eventual confrontación.
La tarea que tenemos en frente es cómo hacer que esa voluntad
de cambio y paz pueda organizarse y expresarse para evitar un conflicto que
solo agravará nuestros problemas cotidianos.
Ese es el único propósito en mi lista para 2016 (y espero
que Dios y el Diablo no se lo tomen como un chiste).
sábado, 12 de septiembre de 2015
6 meses
El tiempo es caprichoso, se
estira y se encoge a voluntad. Una voluntad, además, opuesta a la nuestra
porque los momentos alegres nunca parecen durar lo suficiente, mientras que el
tedio o la tristeza aparentan prolongarse hasta la eternidad.
6 meses, 180 días o medio año.
Puede ser mucho tiempo o poco, según nuestro ánimo o qué es lo que comparamos.
Hoy hablo de 6 meses de ausencia, de incredulidad, de duelo. También 6 meses de
cambios... que han incluido, además, 6 meses de fama prestada y 6 meses de
fiscales y tribunales.
Pese al dolor, también han sido 6
meses de compañía; la familia, los amigos y gente anónima que da el pésame en
el funeral, la calle o el restaurante. También han sido 6 meses de miedo, y siempre
han estado ahí muchas organizaciones solidarias cada vez que levantamos la mano
para pedir consejo o, simplemente, para hablar y ser escuchados.
6 meses para encontrar a mi papá
en las viejas películas que nos gustaban o en las otras mil cosas por las que
seguramente habríamos estado tan en desacuerdo. 6 meses en que los nietos han
crecido un poco y ya no tienen al abuelo, pero sí el miedo y la pregunta
recurrente: “¿y a ti te pueden meter presa por eso?”.
6 meses parece mucho, pero
todavía la normalidad no ha vuelto del todo después de casi 1 año y medio desde
la detención de mis padres, en abril de 2014. Pero la vida sigue, terca, no se
detiene a esperar que estés listo. Y las convicciones no cambian sino que se
fortalecen. El camino es aferrarse a la esperanza y aportar para construir un
futuro distinto, de respeto, paz y encuentro. Un futuro de prosperidad y
equidad, donde ya no quede un solo preso de conciencia en nuestras cárceles.lunes, 25 de mayo de 2015
Calle vs Voto
Hace unas semanas circulaba en
Twitter la campaña #SalvaTuVoto,
precisando los detalles del ventajismo oficialista y, en consecuencia, las
razones por las que nuestra actual crisis política no podría ser resuelta a
través de la vía electoral.
jueves, 30 de enero de 2014
domingo, 18 de agosto de 2013
La mirada sociológica
Hace
unos meses circuló en las redes sociales esta caricatura sobre un par de
estudiantes de sociología. En pocas palabras dice mucho sobre nuestro oficio.
Confieso que cuando escucho a mis estudiantes diciendo cosas como “la
sociología me cambió la vida” u otras por el mismo estilo, me suelo sentir un
tanto hastiada, porque dicho así no parece que el joven en cuestión esté
describiendo sus primeros pasos en una disciplina científica, sino más bien una
suerte de conversión religiosa. Pero mirando el asunto con mayor frialdad, es
cierto que una vez que empiezas a adentrarte en la teoría sociológica no puedes
volver a mirar lo que te rodea con los mismos ojos. La sociología ofrece, sin
duda, una forma de mirar la realidad.
jueves, 16 de mayo de 2013
Las herencias que me dejó Antonio Cova
Uno no elige las herencias que le tocan. Mis
colegas seguramente pensarán que esto es una perogrullada porque, obviamente,
no elegimos nacer hombres o mujeres y lo que eso va a significar en nuestra
cultura, no escogemos el nombre que llevaremos toda la vida o el idioma que se
convertirá en nuestra principal vía de expresión. Todo eso está allí, nos
precede. Y precisamente por ello los sociólogos decimos, siguiendo a Durkheim,
que los hechos sociales se nos imponen de forma coercitiva. Pero en estas líneas
no intento referirme a esas nociones básicas de sociología general, sino a un
tema mucho más personal.
jueves, 2 de mayo de 2013
Llueve en Caracas
1
Comienza a llover en Caracas luego de un verano
inclemente. Las chicharras y los mangos anuncian el cambio de estación solo
visible con los ojos del que ha crecido en el trópico. Podría ser bonito, sentir
el agua limpiando el aire y alejando el calor. Pero las primeras lluvias
inundan nuestras calles cotidianas, hasta tenemos oportunidad de conocer lagunas
nunca antes vistas en estos primeros aguaceros de 2013. Ese primer día llegamos
tarde al trabajo, llegan tarde los niños al colegio; bien porque nuestros carros
no pueden atravesar las vías, bien porque el Metrobús salió una hora tarde, pues
ese día ningún chofer llegó a trabajar.
2
Las lluvias
empezaron un par de semanas después de las elecciones presidenciales. En las
casas ya no se oyen los niños cantando “Que llueva, que llueva / la vieja está
en la cueva”, sino cohetes y/o cacerolas. Los días transcurren como si lo único
que importa es lo que ocurre en televisión: cadenas de radio y TV sucedidas por
ruedas de prensa, marchas multitudinarias simultáneas tomando Caracas,
acusaciones, explicaciones, análisis en la radio y en ingeniosos artículos de
prensa. Mientras tanto, seguirán inundándose las calles, crecerá aun más el
número de damnificados y seguirán muriendo cientos de venezolanos cada semana a
manos del hampa.
3
Cerramos el
mes de abril con el espacio consagrado a la deliberación entre quienes proponen
distintas ideas transmutado en campo de batalla. La libertad de pensar, abolida
para quienes sostienen públicamente sus dudas –legítimas- ante el resultado de
las elecciones. Parece importante centrarse en estos graves acontecimientos.
Pero en las calles, la lluvia sigue cayendo. Siguen los apagones y la escasez. La
gente sigue muriendo. Y desde esta humilde esquina pienso que solo cuando los verdaderos
problemas de la gente sean las principales noticias y los puntos prioritarios
del debate, se habrá logrado destrancar el juego político. No para que gane A o
B, sino los derechos de todos los venezolanos.
jueves, 18 de octubre de 2012
¿Quién protagoniza una piñata?
Está claro que
las piñatas son el espacio para que la madre caraqueña demuestre en público su
competencia. Si bien otras tareas pueden ser más importantes para la crianza, es
más difícil que puedan ser evaluadas por parte de amigos y familiares.
domingo, 7 de octubre de 2012
Amanecer
Se cierra una puerta y quedas a oscuras. Sientes una
amenaza. Algo temible te sigue y tú huyes sin saber a dónde. Recodos, puertas, bifurcaciones.
Finalmente llegas a una escalera e intentas subir, pero están húmedas,
resbalosas. Tú estás en medias, por más que lo intentas patinas y no logras
subir. Jadeas y sientes la amenaza cada vez más cerca.
sábado, 28 de julio de 2012
Una historia personal de Marx
Karl Marx está de moda. La creciente desigualdad en los países desarrollados y una serie de políticas económicas que asignan a la población trabajadora el costo de los ajustes, han sacado a la obra de Marx de los anaqueles oscuros, olvidados y polvorientos del final de la biblioteca. Los jóvenes vuelven a leer sus libros, importantes intelectuales se declaran neo-marxistas en una suerte de revival de los sesenta. Y esto no lo digo yo, aquí les dejo un par de artículos que ilustran este fenómeno: uno en The Guardian y otro en Prodavinci.
viernes, 21 de octubre de 2011
Euskadi y yo
Quizás debería empezar por disculparme con los lectores, porque una socióloga venezolana que escribe un blog sobre Venezuela no tendría que estar escribiendo sobre el reciente comunicado de ETA donde anuncia el fin de la lucha armada. Pero esta es una noticia que me toca muy en lo personal, porque viví en el País Vasco entre 1997 y 2001, así que el papel de ETA, el nacionalismo, la intolerancia no me los contaron, yo los presencié en vivo y en directo.
viernes, 23 de septiembre de 2011
Tribulaciones, lamentos y ocaso de un precandidato imaginario (o no)
07/09/2011: Comienza la reunión con el grupo de asesores, hay discrepancia sobre la pertinencia de lanzar la candidatura. Las encuestas disponibles muestran que el precandidato tiene poco chance, pero hay quienes dudan de la validez de esos resultados (están comprados, mi pana, te lo juro). Se acuerda solicitar presupuestos en varias encuestadoras independientes para hacer una medición sin vicios.
lunes, 12 de septiembre de 2011
Mudanzas
En Caracas, alrededor de 1996
Creo que lo que más siento es haber perdido Sabana Grande. Están lejos ahora los paseos de la infancia; a veces con patineta, siempre con golfeados y malta a mitad del bulevar. Lejos, las primeras salidas al cine con los amigos al Radio City o al Broadway. Ni hablar de las cervezas en el Gran Café, hace años la vida nocturna se circunscribe a Las Mercedes. Recuerdo cuando de muchacha paseábamos buscando los zapatos o trajes de baño de última moda… ¡El último diciembre hice todas mis compras navideñas en el CCCT! Ya saben: más seguro, más cómodo para llevar el carro. Y así se deshizo ese último vínculo.
La vida en Los Caobos, aunque urbana y en edificios, tenía todavía algo de comunidad: tanta gente que te conoce y te saluda en el camino al Metro, las vecinas que odiaste por contarle a mamá que te vieron besando al primer novio en la esquina, pero a quienes también agradeciste por acompañarte en la tristeza por tu gata atropellada.
Somos una más de esas familias clase media que padecen lo que hace tiempo leí (no recuerdo el autor, lo siento), donde alguien nos describía con “fototropismo positivo” por estar siempre buscando el este. La mudanza hacia el sureste ha tenido ventajas, por supuesto. La principal quizás es habernos librado del vallenato los sábados por la mañana y que en su lugar te despierten las guacharacas. Pero en el aséptico orden de la nueva urbanización no hay abasto, no hay quincalla, no venden flores en la esquina, nadie te fía. En dos años no he conocido al primer vecino. ¿Cómo, si vivo montada en un carro yendo y viniendo del trabajo? Quizás aún sin mudanza la vida seguiría siendo igual de solitaria y el tema es que crecimos… ¡no lo sé!
¡Qué barbaridad, me equivoqué! ¿Cómo olvidar El Ávila? Desde la nueva casa no hay ningún indicio de su existencia. Ya no puedo mirar cómo cambia de color con el atardecer mientras pienso y suspiro, como pensamos y suspiramos todas por nuestros hombres. ¿Qué clase de melancolía es esta, sin El Ávila haciéndote compañía?
Así que mientras hago montones de trámites para mi muy anhelado viaje de estudios a Europa, no hay tristeza, ni añoranza. Sólo esas ganas intensas de ver el mundo y de dejar atrás algunas cosas y sólo será posible poniendo mar y kilómetros de por medio. No creo que sea falta de apego a mi terruño; simplemente, la principal mudanza y el desarraigo ya han ocurrido aunque siga habitando en la misma ciudad.
viernes, 12 de agosto de 2011
La odisea de un accidente
Hace más de dos semanas mis hijos estaban con su papá en Ocumare de la Costa (Estado Aragua), disfrutando de un merecido descanso vacacional. Pasaban el día en la playa de Bahía de Cata (debo confesar, una de mis favoritas) cuando ocurrió un accidente: el padre se fractura el tobillo derecho al en medio del fuerte oleaje que caracteriza esa playa. Allí comenzó un suplicio que aún hoy no termina.
viernes, 1 de julio de 2011
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