Hace unas semanas circulaba en
Twitter la campaña #SalvaTuVoto,
precisando los detalles del ventajismo oficialista y, en consecuencia, las
razones por las que nuestra actual crisis política no podría ser resuelta a
través de la vía electoral.
Seamos francos:
es verdad que el CNE no sanciona el uso de cadenas nacionales de radio y
televisión para hacer proselitismo político. También es cierto que mientras los
partidos opositores no tienen financiamiento público para sus campañas, los
fondos del estado son utilizados groseramente para hacer campaña del PSUV. Hay
sectores del país donde los electores son coaccionados y además temen que el
voto no sea secreto; más aun, ha habido múltiples denuncias de presión directa con
la figura del voto asistido.
Es correcto, la
lucha electoral es asimétrica, la ciudadanía se enfrenta a un grupo que utiliza
todo el aparato estatal con el propósito de mantenerse en el poder. Pero estas
posturas abstencionistas idealizan “la calle”, como si el ventajismo del
partido de gobierno solo se manifestara en el ámbito electoral. Sin embargo, en
las protestas callejeras la lucha es aun más desigual.
Si algo nos demostró
la experiencia de 2014 es que el gobierno del Presidente Maduro está dispuesto
a usar cualquier recurso para evitar la protesta popular. Asesinatos de
manifestantes a manos de los cuerpos de
seguridad del estado, como en el caso de Bassil Da Costa y Robert Redman y además el encarcelamiento de cualquier persona por el solo hecho de estar presente en una
manifestación política opositora, como los casos de Marco Coello y Christian
Holdack. Hubo muchas más víctimas durante el año 2014, acabo de reseñar solo
los primeros, asesinados o detenidos el 12 de febrero.
Así que la
batalla en la calle también es asimétrica, incluso más que en el plano
electoral porque mientras en este último lo que se arriesga es que una victoria
pueda ser desconocida, en la calle lo que se arriesga es la vida con el añadido
de que solo con pancartas y consignas es improbable derrotar a quien está dispuesto
a usar la fuerza bruta.
Para el
ventajismo electoral nos podemos preparar: organizar voluntarios para
auditorías y conteo de votos, promover la observación imparcial de terceros
(ojalá observadores internacionales), formar testigos para los centros de
votación, entre muchas otras tareas para las que se organizan los partidos, los
vecinos, los estudiantes. ¿Pero cómo puede la ciudadanía prepararse y protegerse
cuando los organismos del estado ni siquiera necesitan una provocación para
usar la fuerza contra los manifestantes? Incluso si todos dispusiéramos de
chalecos antibalas, ¿eso haría de una manifestación algo menos asimétrico que
una elección?
En cualquier
escenario, enfrentarse al gobierno es una lucha desigual. Cualquier
movilización implica que el poder del estado intentará silenciar toda voz que
exprese descontento. Por tanto, la dirigencia política tiene una responsabilidad
de organización y conducción de ese pueblo al que convoca porque la respuesta
que se puede esperar no es una incógnita: la represión es hoy, más que nunca,
una certeza.
Yo no estoy
segura de qué es lo que debería hacerse. Exigir una fecha concreta para las
elecciones parlamentarias y la libertad de los presos políticos es una lucha
válida y necesaria. Lo que debe evaluar nuestro liderazgo político es cuál es
la vía más eficaz para lograr esas demandas y transmitir esa estrategia
unitaria a la ciudadanía. Mucha planificación y organización, mantener la cabeza fría es
imprescindible para salir airosos de estos tiempos oscuros.
yo por eso #VotoySumo, porque el quedarse en casa no nos va a sacar de esto, la violencia ya se enquistó, y el pensar que no te va a alcanzar, es como creer que porque no me enfermo, no me muero!
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