viernes, 10 de junio de 2011

De Panchito Mandefuá a Victorino Pérez

Venezuela durante el siglo XX experimentó grandes cambios sociales: urbanización, industrialización, masificación de la educación, movilidad social. Sin embargo, no he encontrado aún nada de eso representado en nuestra literatura.

Todo comenzó hace más o menos un año cuando leí Ana Isabel, una niña decente de Antonia Palacios. Por fortuna, no estuvo entre las novelas de lectura obligatoria durante bachillerato, así que no me acerqué al texto con la cuota de fastidio que ese pasado suele implicar.  No sólo me encantó la novela por su belleza, lo marcador para mí fue cómo se dibujaban allí con tanta claridad las desigualdades sociales en la Caracas de principios del siglo XX. Entonces entró en acción la profesora que comienza a aburrirse porque tiene ya 4 años dictando la misma asignatura y se propone el proyecto de que sus estudiantes de cuarto año de sociología hagan un ejercicio a partir de la lectura de algunos textos de literatura venezolana. La iniciativa sonaba bien, salvo por un pequeño detalle: esta profesora, aunque lectora, nunca se ha acercado a la literatura desde una perspectiva académica. Así empezó la odisea buscar más textos para trabajar en clase.
Esa es la razón por la que pasé buena parte del segundo semestre de 2010 leyendo compulsivamente novelas venezolanas del Siglo XX de temática “social”. Recurrí a colegas, amigos, pen pals, a quienes les pedí sugerencias y leí cuanto me propusieron. No es, por supuesto, una muestra representativa de nada porque luego supe gracias a una tesis realizada hace años en la UCAB que sólo entre 1960 y 1998 se publicaron… ¡173 novelas! Sin embargo, cuando leí Campeones de Guillermo Meneses me chocó el mensaje subyacente de la trama: el único final feliz es para Luciano Guánchez, el personaje que se resigna a su suerte de trabajador pobre. Y fue entonces cuando recordé De cómo Panchito Mandefuá fue a cenar con el Niño Jesús de José Rafael Pocaterra y en adelante no he dejado de pensar sobre lo que dice de nosotros cómo se representan en nuestra literatura la pobreza y la desigualdad.
Parece que la representación de la pobreza en el discurso literario no es tan homogénea como en otros géneros. En el cine, por ejemplo, suele estar asociada a la violencia y la delincuencia (Macu, la mujer del policía, Sicario, la ley de la calle y Secuestro express, entre muchas otras); mientras que en la telenovela, por el contrario, suele idealizarse la condición de pobreza: la heroína, casi siempre pobre y buena, después de enfrentar múltiples adversidades logra el éxito, su final feliz.
En las novelas que he leído se encuentra un poco de ambos extremos del continuum: Panchito Mandefuá, a pesar de ser descrito como “granuja”, aparece como un personaje capaz de ser solidario y generoso. En Ana Isabel…, si bien los adultos describen a la gente común como grosera o floja, vistos por la propia Ana Isabel no son tan distintos, pero al mismo tiempo son lejanos al no tener que cumplir con las mismas normas que a ella le son impuestas. En Campeones y Cuando quiero llorar no lloro (de Miguel Otero Silva) aparece explícita la asociación entre pobreza y delincuencia; en esta última y País Portátil (de Adriano González León) las diferencias sociales se asocian también a distintas posiciones políticas.
A pesar de esta diversidad, lo que me sorprende como elemento común es la sensación de distancia insalvable, de extrañamiento entre los distintos grupos sociales. Los tres Victorinos, nacidos el mismo día en la misma ciudad no conviven, no se encuentran salvo el día de su entierro (y eso porque probablemente en la fecha de su publicación Caracas todavía tenía un solo cementerio). En Campeones la única interacción de los protagonistas con grupos más aventajados es con el dueño del equipo de baseball donde juegan dos de los protagonistas en los capítulos iniciales. A nadie le importa la muerte de Panchito Mandefuá, es un niño de la calle, es nadie.
Me pregunto qué tan cierto es que somos una sociedad igualitarista, cuando además la única historia de ascenso social (Domingo Sánchez en Doña Inés contra el olvido de Ana Teresa Torres) está ligada al engaño y a los vínculos con el poder o cuando se presenta a las élites ansiosas por borrar su origen no muy distinto al resto del pueblo (Los amos del valle de Francisco Herrera Luque).
Venezuela durante el siglo XX experimentó grandes cambios sociales: urbanización, industrialización, masificación de la educación, movilidad social. En consecuencia, todos tenemos al menos un campesino, un obrero, una doméstica entre nuestros padres o abuelos. Sin embargo, no he encontrado aún nada de eso representado en nuestra literatura. ¿Tendrá que ver eso con nuestra ciudad segmentada, llena de alcabalas, de fronteras que no nos atrevemos a traspasar? ¿Cuánto de nuestra polarización política es producto de esa distancia que hemos creado y que tratamos a toda costa de salvaguardar?

5 comentarios:

  1. Lissette, eres muy buena escritora. Tu blog llama mucho la atencion. Lo que escribistes es verdad.
    Yo no he leido literatura venezolana asi que no podria comparar. Pero, lo que tu dices no solo se refleja en las novelas escritas, si no tambien en la television y como la gente se relaciona. Tu mencionastes acerca la historia en el ascenso social vinculado con la mentira y el poder para borrar su pasado, yo me pregunto si eso es un reflejo de lo que somos o es un reflejo de lo que vemos y observamos a travez de la television, literatura o propagando que cambia nuestra vida social.
    Yo creo que el trama es una de las razones porque me choca leer or mirar peliculas/novelas venezolanas. Prefiero llenar mi mente de algo que me eduque o me eleve a un pensamiento mas alto.
    Besos y abrazos prima bella!
    I like your photo, very scholarly like. :)

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  2. Hola Ana! Sobre las telenovelas no puedo hablar, no las veo hace mucho... de ningún tipo o nacionalidad! Con las películas y las novelas, hay cosas muy buenas que merecen la pena, anímate... no olvides por allá esta tierra!
    Socióloga al fin, creo que lo que vemos reflejado en los medios o el arte es reflejo de nuestra cultura y no al revés, pero igual es un debate que podría ser interesante. Cariños!

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  3. 20 ptos... Pienso que lo mas distinguido de nuestra literatura (A pesar de ser un pichón de lector aún) es la critica social que gritan los relatos, desde los poemas de Rafael Cadenas, hasta en las telenovelas. Escuche una anécdota que llamo la atención y es que como un tema social como el divorcio, empezó a tener tanta relevancia en las conversaciones del Venezolano luego de Sra Cárdenas.

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